Cantando, ¡mucho mejor!

Cantando, ¡mucho mejor!
cantando, mucho mejor    

Cantando, ¡mucho mejor!

¿Cuándo ha sido la última vez que recuerdas cantar a pleno pulmón, o simplemente tararear una canción? ¿Esta mañana en la ducha?, ¿de camino al trabajo en el coche acompañando a la radio? ,¿hace unos días, unas semanas, más…? Y lo que es más importante, ¿recuerdas cómo te sentías mientras cantabas? El otro día mi abuela de 96 años me contaba que cuando ella era joven se pasaban gran parte del día cantando. Cantaban cuando iban al campo o a las huertas, cuando iban a por leña, cuando hacían la comida, mientras lavaban en el río y las manos se les quedaban rojas de frío. Y además me decía: “En aquella época no tendríamos mucho para comer pero teníamos alegría dentro. En cambio ahora, la gente se pone esos aparatos en las orejas y ya no se oye a nadie cantar”.

Este comentario me hizo recordar la conexión que hay entre el cantar y la alegría interna del ser humano.

Cuando miramos hacia atrás vemos que todas las diferentes culturas tenían integradas en su día a día la música, el canto y el baile. Y hasta ahora, había pensado que eran formas de compartir, de transmitir, de agradecer y de divertirse. Ahora veo que además, era una forma de conectarse con la alegría interior, sentirla y sacarla fuera. Ángeles Arrien, en su libro “Las cuatro sendas del Chamán”, donde recogió la sabiduría de pueblos indígenas de todas las esquinas del planeta, nos cuenta que cuando una persona deprimida se acercaba al maestro espiritual para pedirle ayuda, éste, lo primero que le preguntaba era: “¿cuándo has dejado de cantar, bailar, contar historias o disfrutar del dulce territorio del silencio?”. Ya que ellos creían que cuando dejas de hacer una de estas cosas te desconectas de tu alma, de quien eres.

Cantar nos conecta con la alegría interna Al cantar abrimos los pulmones y nos oxigenamos y nos sentimos más vivos.

Bailar nos conecta con nuestro cuerpo y permite que la energía que hay en él fluya y se exprese.

Contar historias nos une a los otros y nos ayuda a compartir, enseñar, soltar y sanar. 

El silencio nos permite conectar con nuestro interior  y escucharlo. Y es el camino más corto para despertar la paz que reside en nuestro interior.  

Hoy en día tenemos un poco olvidadas algunas de estas cosas y me gustaría que la reflexión de esta semana sirva para que volvamos a traerlas a nuestro día a día. Y os dejo con una cita de Rumi para que os inspire a comenzar:

Quiero vivir cual cantar de los pájaros,

Sin preocupación de quién los escucha

O lo que piensen de su canto.

 

Feliz semana!!

   



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