El Mago de Oz

El Mago de Oz

el mago de oz

Ayer, cambiando unos libros de lugar, me encontré con el cuento de El Mago de Oz y me recordó la experiencia de Dorothy tratando de encontrar el camino de vuelta a casa después de ser transportada por un tornado a un mundo completamente desconocido para ella.

En ese camino se encontró con tres amigos muy especiales: un espantapájaros relleno de paja que deseaba un cerebro sabio para tener ideas geniales y dejar de ser un tonto, un hombre de hojalata que deseaba un corazón bondadoso para poder amar y sentir, y un león miedoso que deseaba valentía y coraje.

Un cuento que nos habla de búsqueda, de compañerismo, de magia y de cómo conseguir, o mejor dicho, ¡recuperar! la sabiduría, la bondad, la valentía y el hogar.

Al igual que Dorothy y sus amigos los seres humanos tendemos a buscar aquello que deseamos fuera de nosotros, partiendo de que si lo busco es porque no lo tengo. Ahora bien, ¿se puede buscar en otro lugar?

La repuesta a esta pregunta nos la da el mago de Oz.

Con el fin de encontrar lo que buscan y conseguir lo que quieren, Dorothy y sus tres amigos van en busca del mago de Oz, el mago con más sabiduría y poder de todo el reino. O por lo menos eso es lo que les han dicho.

Al llegar a Oz sin embargo, se encuentran con una sorpresa muy grande. El gran mago de Oz no es más que un anciano que llegó a ese mundo por casualidad y que ha estado pretendiendo ser mago durante todo el tiempo con todo tipo de trucos.

Por ejemplo, convirtió la ciudad de Oz en una ciudad “esmeralda“. Es decir, todo lo que había en la ciudad se convirtió en esmeraldas. Cuando Dorothy y sus amigos le preguntaron cómo lo hizo esto es lo que él les contestó:

“¿Recordáis las gafas verdes que os han puesto en las puertas de la entrada de la ciudad? Bueno pues es el filtro verde de las gafas lo que hace parecer que todo lo que ves son esmeraldas. La gente de la ciudad lleva tanto tiempo con las gafas puestas que ya ni se acuerdan de ellas.”

Este truco del mago de Oz nos recuerda que lo que vemos depende de los filtros con lo que lo miramos y que la realidad que vemos, ¡¡¡en realidad!!!, no es más que una interpretación que depende estos filtros.

Uno de estos filtros son nuestras creencias.

Los tres acompañantes de Dorothy creían firmemente que el mago podía darles lo que querían aún después de saber que el mago era “un farsante”, y le pidieron con insistencia que, por favor, les ayudara a conseguir aquello que deseaban y por lo que habían hecho tan largo viaje.

El mago, que aunque farsante no era tonto, accedió, porque él sabía que la sabiduría, la bondad y la valentía se llevan dentro. Por eso, lo único que tenía que hacer era despertar algo que ya tenían dentro de ellos.

Y así, con la fe que habían puesto en él, y haciendo un poco de paripé, el mago consiguió que, abriendo la cabeza del espantapájaros para rellenársela con agujas y cuerdas, rasgando el pecho del hombre de hojalata para ponerle un corazón de trapo y dando una bebida verde que contenía valentía al león, el espantapájaros conectase con su sabiduría, el hombre de hojalata con su corazón bondadoso y el león con su valentía y coraje.

Con esto el mago de Oz nos contesta a la pregunta inicial: el mejor lugar para buscar es dentro de uno mismo. Y es que dentro de nosotros ya tenemos todo lo que necesitamos, es decir, venimos completos de fábrica, y sólo necesitamos creérnoslo y tener fe en nosotros mismos para poder activar todo nuestro potencial.

Os preguntaréis qué pasa con Dorothy. En su caso el mago no la puede ayudar porque no conoce el camino de vuelta a Kansas, ni siquiera conoce Kansas. Y Dorothy continua su camino con la compañía ahora de un sabio, un bondadoso y un valiente, y va en busca de la bruja buena del sur.

Es Glinda, la bruja del sur, la que lleva la atención de Dorothy a sus zapatos plateados. Unos zapatos mágicos que llevaba puestos desde el momento en que entró en este mundo desconocido y que tienen el poder de llevarla a cualquier lugar del mundo en sólo tres pasos, con sólo entrechocar los tacones tres veces y ordenar a los zapatos que la lleven donde ella quiera. Así lo hace Dorothy, y en tres pasos se encuentra de nuevo en casa, en Kansas con su tía y su tío.

La vida nos proporciona aquello que necesitamos en cada momento para seguir caminando hacia donde deseamos. Cada uno andamos un camino que nadie más sabe cuál es, y contamos con unos zapatos plateados que nos ayudan a volver a casa siempre que queramos o que nos despistemos.

¡¡Eso si!!, para que los zapatos funcionen tenemos que creer en la magia y que el hogar siempre está aquí, a tres escasos pasos.

¡¡¡Que disfrutéis de una mágica semana!!!

 

 



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