La libertad del desapego

La libertad del desapego

 

Algunas filosofías, entre ella la Budista, nos invita a ver el desapego como una de las claves de la felicidad. De ahí, que a muchos de nosotros nos interese saber un poco más sobre esto del desapego. Sobre todo el ¿CÓMO SE HACE?

Hace unos días en un encuentro de Dharma con el Lama Losel uno de los asistentes preguntó:

Asistente: “Entiendo que el desapego es clave para nuestro bienestar, y que si conseguimos desapegarnos de aquello que nos proporciona estrés, o mal estar, mi vida sería mejor. Ahora, ¿cómo me desapego?

Lama Losel: “Suéltalo

Asistente: “Ya pero, ¿cómo lo suelto?

Lama Losel: “Pues soltándolo

Una respuesta sencilla y sin embargo tan difícil de llevar a la práctica. Y es que, para soltar algo se requiere fortaleza, para dejar atrás aquello que conocemos, que nos da seguridad y confianza en que no nos caeremos al vacío, en que encontraremos una plataforma que nos sujete.

Veamos ¿por qué nos apegamos?

El apego nos llega de nuestra cultura, creencias, miedos, hábitos y nos apegamos a ello porque, entre otras muchas cosas, nos proporciona:

– Sentido de pertenencia.

De modo que pertenecemos a un país, a un barrio, al equipo de futbol del instituto… y esto ayuda a llenar vacíos que podamos sentir en nuestro interior.

– Una identidad.

Cuando no tenemos claro quien somos nos apegamos a las distintas facetas y cosas materiales que hay en nuestra vida. Y así decimos que somos ingenieros, madres, creativos, ricos, pobres…

– Seguridad

Y para conseguirla nos apegamos a lo que creemos que nos la va a dar: lo conocido. Y evitamos la incertidumbre y lo desconocido por miedo a no saber si seremos capaces de enfrentarnos a la nueva situación.

Y claro la sola idea de soltarnos, o desapegarnos, desata miedos de insuficiencia, de inseguridad, de soledad, de perdida, de vacío…

  

Practicando el desapego:

A la hora de desapegarnos, es útil saber a qué estamos apegados para así saber que es lo que tenemos que soltar. Por ejemplo: ¿es la persona, o lo que la persona me da?

Mi propuesta para practicar el desapego tiene 2 opciones que se pueden usar a la vez, o por separado. Es indiferente cuál de ellas practiques siempre y cuando las practiques!

Parte 1.- SUELTA:

– Todo lo material que solo ocupe sitio: por ejemplo,  la ropa que no te hayas puesto en la última temporada, los libros y revistas que almacenes con el fin de leer un día que tengas tiempo y que llevan más de 2 años acumulando espacio en la estantería, los apuntes que no hayas usado, o revisado, en los últimos 2 años y que guardas por si acaso. Solo así verás que puedes vivir sin ello!

Atención: Soltar no significa meterlo en cajas y llevarlo al desván!!!

– Los compromisos semanales, mensuales o anuales a los que vayas forzado o en contra de tu voluntad. Elige aquellos que sean importantes para ti y en los que contribuyas con tus ganas de estar.

– Las limitaciones que no te dejan probar cosas nuevas. Lo nuevo nos abre la oportunidad a aprender, crecer y fortalecernos.

– Las reacciones que no te gustan. Y cámbialas por acciones que te hagan sentir bien contigo mismo.

– El deseo de seguridad. Lo que es seguro es que nada es seguro, así que para qué perder el tiempo en asegurarse.

– El hacer las cosas perfectas. A la hora de avanzar, “bien” es más que suficiente.

– El que salgan las cosas como tu quieres. Pon lo mejor de ti mismo y luego deja que las cosas ocurran.

 

Parte 2.- Ya que somos mejores a apegarnos que a desapegarnos, APEGATE:

– A la incertidumbre

– A la simplicidad

– A ser quien quieres ser

– A lo nuevo, a explorar y a crear

– A confiar

– A la flexibilidad, al cambio y a la adaptación consciente y elegida.

Así y solo así sentirás la libertad del desapego!!

 

Os dejo con una pequeña historia: 

Se cuenta que un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, con la finalidad de visitar a un famoso sabio, el turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuarto muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.

¿Dónde están sus muebles? – preguntó el turista.

Y el sabio, rápidamente, también preguntó: ¿Y dónde están los suyos…?

¿Los míos? – se sorprendió el turista -¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso!

 Yo también… – concluyó el sabio.

 

Feliz DESAPEGO!!

 



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