¿Por qué es tan difícil cambiar?

¿Por qué es tan difícil cambiar?

 

Las 5 trabas más comunes que nos impiden conseguir cambios positivos y duraderos en nuestras vidas y como evitarlas.

Día tras día nos decimos a nosotros mismos que desde mañana algo va a cambiar. Sabemos que es lo mejor para nosotros, que nos sentiremos bien si lo hacemos y sin embargo cuando llega el momento de pasar a la acción, volvemos a posponerlo para el día siguiente, o si empezamos no dura mucho antes de que volvamos a los hábitos de siempre.

¿Por qué nos pasa esto? ¿Por qué es tan difícil cambiar?

A continuación presentamos 5 de las razones más comunes que nos impiden crear cambios positivos y duraderos en nuestras vidas.

  1. La motivación es externa o superficial. El por qué deseamos crear un cambio en nuestras vidas es fundamental para la realización de este, ya que es la razón por la que queremos cambiar en primer lugar la que nos mantendrá motivados en el proceso hasta conseguirlo.

Cuando esta razón no es lo suficientemente poderosa, o no tiene el valor suficiente como para compensar el esfuerzo que se requiere para cambiar, tarde o temprano volveremos al punto de partida. Esto es lo que ocurre cuando la razón por la que queremos cambiar viene de fuera, por ejemplo, por que es la moda y todo el mundo lo hace, o por que gente querida nos dice que es lo mejor para nosotros; o el beneficio que nos genera no es lo suficientemente importante para el esfuerzo de llevarlo a cabo.

A la hora de hacer un cambio en tu vida, presta especial atención a la razón por la que lo quieres y hazte las siguientes preguntas: ¿Por qué es importante para mí este cambio?¿Cómo me voy a beneficiar personalmente si hago este cambio? ¿Está de acuerdo con mis valores y con quien soy yo? Si las respuestas te convencen, adelante.

  1. Creencias limitadoras. En el fondo creemos que no lo vamos a conseguir, que no tenemos la suficiente fuerza de voluntad, o que somos demasiado vagos para conseguirlo.

Estos pensamientos no solo despiertan el miedo a fallar, a sentirnos decepcionados con nosotros mismos, y a decepcionar a los demás, si no que además influyen en nuestras acciones provocando aquello mismo que estamos intentando evitar. De esta forma nuestras creencias se vuelven profecías de lo que acaba ocurriendo; como no creemos que lo podamos conseguir, no nos esforzamos, y como no nos esforzamos, no lo conseguimos.

La fuerza de estas creencias reside en considerar que el fallar, o el no conseguirlo a la primera, es algo desastroso que hay que evitar a cualquier precio. Ahora bien, si consiguiésemos pensar que eso no es del todo cierto, y que fallar no es más que un paso en el camino hacia donde nos dirigimos y además es necesario para aprender y mejorar, entonces el miedo a fallar no sería tan grande y encontraríamos la fuerza necesaria para seguir adelante.

La clave, por lo tanto está, en redefinir el significado que le damos a la palabra fallar.

  1. Nos enfocamos en las circunstancias. Con frecuencia creemos que para crear un cambio, algo o alguien tiene que cambiar, poniendo todo nuestro empeño en cambiar las circunstancias que se escapan a nuestro control, o a otras personas, y consiguiendo frustración y sentimiento de impotencia a cambio.

En una de sus citas Mary Engelbreit dijo: “Si no te gusta algo, cámbialo, si no puedes cambiarlo, cambia la forma en la que piensas sobre ello”

Y es que, independientemente de la situación, o persona, siempre podemos cambiar la perspectiva desde la que la miramos, y percibirla desde un punto de vista que nos ayude a aceptarla, e incluso a comprenderla y/o entenderla.

Nuestro pensamiento, e interpretación de los hechos, está siempre bajo nuestro control. La próxima vez que te encuentres intentando cambiar las circunstancias externas hazte las siguientes preguntas: ¿Qué puedo modificar yo para que esta situación cambie? ¿De qué otras formas puedo interpretar esta situación? ¿Cómo puedo ver yo esta situación de una forma constructiva?

  1. Lo queremos hacer solos. “Así tendrá más mérito”, o por lo menos eso es lo que nos dice nuestro ego. Visto desde esta manera, el hecho de pedir ayuda, o apoyo, le quita valor a lo que conseguimos y es una de las razones por las que decidimos intentarlo solos.

El entusiasmo del principio que nos ayuda a movernos en la dirección deseada decrece con el tiempo, y es entonces cuando el apoyo externo es fundamental para recuperar la ilusión y motivación con la que empezamos.

Es importante que antes de comenzar un cambio busques apoyo a tu alrededor. Cuéntale a alguien en quien confíes, y/o respetes, el cambio que estás pensado realizar, las metas que tienes en mente y por qué es importante para ti. Incluso le puedes pedir que te haga responsable de cumplir lo que dices, preguntándote periódicamente y que te recuerde por qué es importante para ti en momentos de debilidad.

  1. Nos centramos en la dificultad. Cuando ponemos nuestra atención en lo difícil que es el cambiar, el esfuerzo que tenemos que hacer, lo duro que va a ser y gastamos toda nuestra energía en estos pensamientos el cambio que tanto deseábamos pierde su encanto.

En los momentos en que el cambio pierde su sentido debemos aprender a motivarnos a nosotros mismos. Una de la mejores formas es recordando y entrando en contacto con los beneficios que traerá el cambio haciéndote preguntas como estas: ¿cómo será mi vida una vez que el cambio haya ocurrido? ¿cómo me sentiré? Cierra los ojos he imagínatelo.

Conclusión

Es mucho mas fácil conseguir un cambio positivo y duradero en nuestras vidas si:

  • La razón para el cambio sale de nosotros.
  • Tenemos confianza en nuestra capacidad para conseguirlo.
  • Existe una red de apoyo externa que nos ayuda en los momentos de debilidad.
  • Ponemos nuestra atención en los beneficios.
  • Y entendemos que el cambio tiene que ocurrir en nosotros.

Si te sientes identificado con lo que has leído comparte tus experiencias y aprendizaje en este tema con nosotros en este blog.

 

 



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